Muchas veces se necesita más dinero del que se gana, pero no porque se sea un consumidor compulsivo, sino porque la situación económica no termina de mejorar, conseguir un puesto de trabajo es difícil y cuando se tiene, el sueldo es bajo. Muchas personas viven en situaciones en las que cualquier imprevisto o un gasto urgente, aunque sea de cantidades no muy altas, supone un problema grande. Acudir a un banco ni se plantea: estas entidades solo conceden préstamos desde un mínimo de dinero, que suele ser mayor de lo que se requiere, tardan mucho en el proceso de concederlo, y para hacerlo solicitan nóminas y avales que, si los solicitantes dispusieran de ellos, seguramente no necesitarían pedir un crédito en primer lugar.

Créditos online: una manera de conseguir dinero

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¿Qué hacer para salir de este círculo endemoniado? Los bancos y las compañías de préstamos tradicionales, por su tipo de funcionamiento, no pueden satisfacer esta demanda creciente de préstamos de pequeñas cantidades de dinero. Su modelo de negocio está enfocado a obtener beneficios con préstamos de mucho dinero, de 20 000 euros a 200 000 por lo general, y con periodos de devolución muy largos. Sus dimensiones les exigen el mantenimiento de una costosa maquinaria administrativa, sucursales y miles de empleados, que dedican su tiempo a estudiar los riesgos de cada operación y a vigilar la devolución de los préstamos ya concedidos. Para salir de este esquema ha tenido que darse una revolución en las tecnologías de transmisión y manejo de datos: Nos referimos, por supuesto, a Internet.

No obstante, aunque estamos en la era de Internet desde hace más de 20 años, se tardó un tiempo en reconocer el valor de la red para los negocios. Al principio había legítimas dudas sobre la seguridad y la fiabilidad de las transacciones ¿Cómo arriesgar tiempo y dinero en algo que estaba empezando y que no estaba regulado? ¿A quién acudir si uno era engañado? Con el tiempo esos problemas se han solucionado. Las conexiones cifradas y la mejora de las redes en cuanto a su extensión y velocidad han eliminado las barreras reales y psicológicas a los intercambios financieros en la red. Hoy en día, mucha gente consume en Amazon, pide sus pizzas por Internet y compra sus billetes de avión a través de webs que comparan los precios de las distintas aerolíneas y permiten realizar las reservas a cualquier hora del día y desde cualquier dispositivo con el que uno se pueda conectar. Paralelamente al avance tecnológico, las legislaciones de los distintos países se han adaptado al nuevo panorama económico fomentando y garantizando el comercio electrónico.

Aún así, el campo de los préstamos de dinero quedaba como la última frontera, el único sector que quedaba por abrirse a la revolución digital. Tuvo que ser un fenómeno no tecnológico el que posibilitó el cambio de paradigma en el mercado financiero. Las turbulencias económicas de 2008, que afectaron sobre todo al sector bancario, permitieron el acceso de nuevos actores, con modelos de negocio distintos, basados en Internet, con muy pocos gastos de personal y de infraestructura. De esta manera se pudo empezar a rentabilizar operaciones de pequeñas cantidades, normalmente menos de 1000 euros, y con muy poco tiempo de evaluación.

Así han surgido los créditos online. Con muy pocos requisitos (un DNI, un email, un móvil, una nómina o justificante de ingresos, y una cuenta bancaria) se pueden conseguir pequeñas cantidades, desde 300 euros hasta 1000, en un tiempo muy rápido -a veces en menos de media hora, pero nunca más de 48 horas-. Los plazos de devolución son muy cortos, alrededor de 30 días. Estás compañías han proliferado en los últimos años y su competencia ha originado interesantes ofertas en las que los primeros créditos suelen ser gratuitos, es decir: sólo se devuelve la cantidad solicitada. En contraste, los intereses son más altos que los de los préstamos bancarios clásicos y las penalizaciones por impago muy grandes. El microcrédito está indicado para resolver pequeñas emergencias como una avería doméstica que viene en un momento malo del mes. Como todo instrumento hay que usarlo con cautela, pensando muy bien si se necesita realmente, y si se podrá devolver en el plazo convenido.

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Para saber manejar los créditos online con seguridad y garantía, en Internet hay multitud de blogs y foros que dan información independiente y veraz sobre la fiabilidad y la seriedad de los distintos operadores y sus ofertas. Además, existen comparadores en donde se puede comprobar la idoneidad de cada producto concreto, y, por si esto fuera poco, las webs de microcréditos disponen de simuladores en los que, sin compromiso, el usuario puede saber, antes de firmar nada, cuánto dinero tendrá que pagar por su crédito, y en qué plazo. Lo de firmar es una parte muy importante. No hay que hacerlo sin antes haber leído y entendido todas las cláusulas. Y si se tienen dudas hay que preguntar hasta que se esté completamente seguro; para eso, las webs de créditos online tienen teléfonos y chats de atención al usuario.

El negocio de los créditos online es un mercado en crecimiento que permite resolver urgencias financieras (de cantidades pequeñas) de manera más rápida y flexible que los bancos tradicionales. Es recomendable conocerlo, para tener una opción más en estos tiempos de incertidumbre económica.

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