Vivir en las ciudades es genial (o eso dicen), a parte de tener a tu alcance mil sitios para no aburrirte nunca, puedes conocer otras culturas y enriquecerte, ¡sin tener que moverte prácticamente! Aunque… al acostumbrar a vivir en sitios tan grandes, tanto en las periferias como en el centro, dependemos del transporte público (porque aún no nos ha tocado la lotería), para poder ir a su destino diariamente.

Tras muchos años de viajar en transporte público y haber podido conocer las, “las magníficas” ventajas de desplazarse con él, servidora, ha creído conveniente escribir sobre cómo combatir las 10 molestias principales de viajar en él.

1. La tortuga de la escalera

Típico, vayas con prisa o no, siempre está la persona de turno que va a 2 km/h por las escaleras. ¡Se más observador! El hecho de que siempre vayas con la mirada pegada al suelo, ha provocado que no lo hayas visto venir y al levantar la cabeza, ahí está, ¡ralentizando tu llegada a destino! Si ya lo has visto y no sabes qué hacer una vez te hayas posicionado ahí, aprende a hacer fintas, no tengas vergüenza y atrévete a decir de manera educada que si puede darte paso o si nada de esto ha funcionado, prueba a hacer ruidos con la voz que provoquen que esa persona se gire y ¡tú puedas salir escabullido para arriba!

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2. El del “tupper”

Qué bien, ¿eh? Justo al volver a casa para comer, está el típico con el bocadillo de atún o el tupper, que come con la boca abierta, cosa que no puedes soportar por ese ruido tan peculiar y hace que huela todo el tren. Y a ti, de repente te entra ese gusanillo tan peculiar que hace que tengas unas ganas enormes de devorar lo que haya en la cocina al llegar a casa. ¿Qué te proponemos para esta situación?

Sencillamente que siempre lleves un paquete de chicles en el bolsillo. Los trayectos no son demasiado largos, pero el gusanillo peleón que tienes en la barriga es incómodo. Al menos el ir masticando chicle te saciará durante 20 minutos.

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3. El perfume

¿Qué me dices de ese olor tan particular que tiene el tren o el metro? Es “olfativamente” identificable. Parece que todo lo que se encuentre dentro del vagón (sillas, paredes, cristales, etc) haya absorbido todas la cantidad de olores que pasan a lo largo de todo el día y el resultado de ello se acaba tornando en un olor bastante soportable. Pero, ¿y qué me dices del típico que se sienta a tu lado o cerca tuyo y que parece que no se ha duchado en meses?

Para poder evitar esas situaciones, lo que puedes hacer es llevar siempre una colonia de bolsillo. Ofrecérsela sería demasiado descortés, pero, si te aplicas unos cuantos sprays en tu ropa, te irá apareciendo ese olor sin tener que acercarte demasiado a ella y ya que estás, le dirás de una manera indirecta que debería de hacerse un pensamiento sobre su higiene personal.

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4. El loro

Vaya, has empezado a leer o a relajarte en el tren con el movimiento tan característico que hace que nos durmamos y de repente, el de turno hablando con alguien por teléfono que cree tener que transmitir la conversación a todo el mundo. ¿No te han venido ganas de decirle: perdone, podrá bajar el tono de voz? Si te da vergüenza, utiliza la técnica de la mirada. Cuando observas a alguien con mucha fijación, acaba por sentirse más desprotegido. Así que no dudes en mirar descaradamente cuando te esté molestando alguien con su tono de voz.

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5. El porque sí

Porque sí oye, porque hay mil asientos libres y de todos, ha escogido sentarse a tu lado, justo donde tenías tus cosas. ¿Pero por qué? pues porque sí.

La gente cuando se lo propone puede ser muy molesta, olvidando de respetar los espacios personales y sin que te des cuenta, acaba leyendo lo que tú estás leyendo de lo pegado que está. Bien, aquí la técnica es más bien con tu acción. Sé que tenías el asiento caliente pero, tendrás que irte a otro sitio si no te gusta compartir viaje. Así que no lo dudes, cuando veas la iniciativa del “porque sí” coge tus cosas y muévete de asiento.

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6. La perfumería

Típico, tanto el que huele extremadamente mal, como el que huele exageradamente bien, tanto que parece que se ha echado toda la perfumería en él. Las cosas en exceso nunca son buenas, ya lo dijo Quevedo. Así que intenta realizar la misma técnica que el anterior punto. No es necesario que te vayas a final del vagón, solo con que te alejes un poco, ya será suficiente para que tengas ese aroma agradable.

7. El monopolio

Si ya da rabia ir de pie, más da el que se hace propietario de la barra para que los frenazos del conductor, no provoquen la deformación de tu cara. Si te has dado cuenta, con el tambaleo del tren, se va haciendo amo y señor del sitio y tú, tan novato, vas cediéndole espacio porque no te queda otra. ¡Deja de permitirlo si quieres seguir manteniendo tu cara en buen estado! Para ello tendrás que tener mucha resistencia y evitar moverte lo menos posible; cuando veas que te están ganando terreno, haz lo mismo pero de una manera disimulada, aprovecha cualquier frenazo para colocar tu pierna donde la tenías.

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8. El acaparador

No hay sitios y el único que hay es el de aquél que tampoco le gustan los “porque sí” ni la gente en general. No se da por aludido que está ocupando un sitio inútilmente, cuando podrías estar tú perfectamente sentado durante el trayecto. Párate en el asiento donde se encuentra y míralo hasta que te mire y se sienta forzado a cederte el sitio. ¡La técnica de la mirada es aplicable en un montón de situaciones!

9. El ninja

Subes y fijas hacia el asiento que querías la mirada y de repente, alguien ha sido más rápido que tú y te ha robado el asiento. ¿Qué hacer cuando te pasa esto? Agiliza el paso como si el asiento fuese tu vida y siéntate sin mirar al ladrón a los ojos directamente, al menos este hecho, no hará sentirte culpable por haber sido tú el que robó el sitio.

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Preguntándome sobre el mundo desde el siglo pasado, decidí estudiar Publicidad y Relaciones Públicas para poner en práctica posibles respuestas. Con el síndrome del viajero crónico y amante del aprendizaje, lleno mi vida con pequeñas cosas que hacen significantes mis días.

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